
El bajo crecimiento económico que ha registrado México durante las últimas décadas no es resultado de la incertidumbre en torno al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ni de tensiones geopolíticas, sino de un problema estructural de productividad que se arrastra desde hace al menos un cuarto de siglo.
Así lo advirtió Santiago Levy, investigador senior no residente del Instituto Brookings, durante una entrevista concedida a El Financiero en el marco de las Reuniones Anuales del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El diagnóstico del especialista cobra especial relevancia luego de que el propio BID estimara que la economía mexicana crecerá apenas un 1.3 por ciento en 2026, una cifra que refleja la persistente desaceleración nacional.
Un desempeño histórico «mediocre»
Para el ex vicepresidente del BID, el crecimiento de México en los últimos 25 años ha sido «probablemente el más mediocre o uno de los más mediocres de toda América Latina». Levy fue tajante al desestimar las excusas habituales sobre el bajo dinamismo económico del país:
“No es un problema de estabilidad macro, no es un problema de que no hay suficientes exportaciones, no es un problema de que no hay suficiente inversión. El problema fundamental es que es imposible esperar una alta tasa de crecimiento cuando la productividad va cayendo”.
El economista subrayó que, si bien eventos como posibles revisiones comerciales o conflictos en Medio Oriente generan volatilidad a corto plazo, el crecimiento económico nacional ha permanecido limitado incluso en épocas libres de choques externos.
La paradoja exportadora y el estancamiento empresarial
A pesar del auge en las exportaciones manufactureras impulsado primero por el TLCAN y luego por el T-MEC, la productividad de México ha continuado en declive. La raíz de este fenómeno, explicó Levy, radica en una estructura empresarial estancada que castiga el éxito y premia la ineficiencia.
En una economía dinámica, las empresas más eficientes deberían expandirse mientras las menos productivas salen del mercado. Sin embargo, en México ocurre lo contrario:
- Falta de expansión: Las empresas verdaderamente productivas no logran crecer al ritmo que deberían.
- Supervivencia ineficiente: Muchas compañías improductivas logran mantenerse a flote.
- Reemplazo nulo: Cuando una empresa improductiva quiebra, suele ser reemplazada por otra con el mismo nivel de ineficiencia.
Levy identificó tres factores clave que perpetúan este ciclo:
- La profunda segmentación entre la economía formal e informal.
- El débil estado de derecho para el cumplimiento de contratos mercantiles y crediticios.
- Deficiencias significativas en el régimen tributario actual.
Sin «varitas mágicas» a la vista
Frente a este complejo panorama, el investigador hizo un llamado a abrir un debate nacional honesto sobre las causas profundas de la baja productividad, advirtiendo sobre el peligro de buscar soluciones simplistas.
“Debemos dejar de pensar que hay una varita mágica y que hay una reforma que si hacemos eso ya se arregló todo y vamos a crecer”, sentenció.
Finalmente, Levy descartó cualquier intención de integrarse al gabinete de algún gobierno futuro, dando por concluida su etapa en el servicio público. No obstante, reafirmó su compromiso con el desarrollo del país desde la trinchera académica: “Por supuesto que en lo que pueda contribuir con discusiones, diálogos y análisis, encantado de la vida”.