Inflación asfixia a los hogares mexicanos: “Da miedo ir al mercado”.

El sentir de la mayoría de los consumidores en México se resume en una realidad cotidiana: los precios suben y el salario ya no alcanza. Frases como “todo está carísimo”, “el dinero no alcanza” o “da miedo venir al mercado” resuenan entre las amas de casa y compradores que asisten cada semana a los tianguis y supermercados para intentar surtir la despensa.

En febrero, la inflación anual se ubicó en 4.02%, superando el objetivo del Banco de México (establecido entre el 2% y 4%), según datos del Inegi. Este porcentaje se ha traducido en golpes directos al bolsillo en productos básicos de la mesa mexicana. Tan solo en ese mes, se registraron los siguientes incrementos:

  • Tomate verde: +91%
  • Jitomate: +60%
  • Limón: +35%
  • Ejotes: +24%
  • Pepino: +11%

“Nunca había visto la verdura tan cara. El kilo de jitomate hasta en 60 pesos; el tomate en 40 y el ejote en 50. Con esos precios no dan ganas de venir”, señala Virginia, una de las afectadas. Por su parte, Rosalía advierte que la proteína animal se ha vuelto inaccesible: “Comer carne ya es un lujo. Un kilo de res cuesta 280 pesos y la de puerco 150; es una barbaridad, uno trabaja para comprar sólo un kilo de carne”.

El drástico cambio de hábitos de consumo

Un sondeo realizado revela que la persistente inflación ha obligado a las familias a realizar ajustes severos en su día a día. Comprar por kilo ha dejado de ser la norma para muchos.

Rosario, propietaria de una tienda de abarrotes, es testigo de esta transformación: “La gente ahora viene por dos huevos, un rollo de papel, 100 gramos de jamón, un jabón de baño pequeño o arroz a granel. Antes era poco común”. Sin embargo, destaca una curiosidad: el consumo de refresco se mantiene, aunque los clientes ahora optan por marcas más económicas o presentaciones más pequeñas.

En los hogares, las estrategias de supervivencia económica varían:

  • Reducción de porciones: Andrea pasó de servir carne de tres a cuatro días a la semana, a solo dos, buscando ser más «creativa con el menú».
  • Sustitución de marcas: Ramón sacrifica la calidad en artículos de higiene y limpieza (papel higiénico, pañales, detergentes) para priorizar el gasto en comida.
  • Cero desperdicios: Virginia ahora compra estrictamente lo necesario (en medidas de 100 gramos o cuartos de kilo) e implementó el «buffet familiar» dos días a la semana, cocinando con las sobras de días anteriores.

Un panorama poco alentador

El futuro a corto plazo genera preocupación. Según el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC), las expectativas sobre el comportamiento de los precios cayeron 0.7 puntos en febrero, reflejando que los mexicanos esperan que las alzas continúen. Esto coincide con un estudio reciente de Ipsos, el cual señala que el 76% de la población anticipa que los precios seguirán en ascenso, mientras que un 34% apenas logra llegar a fin de mes.

Además, la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec) alertó que el conflicto en Medio Oriente podría encarecer los alimentos hasta en un 40% adicional debido al aumento del petróleo y las afectaciones a la cadena de suministro global.

Considerando que una familia mexicana promedio de cuatro integrantes requiere más de 10,000 pesos mensuales solo para cubrir la canasta alimentaria en zonas urbanas (2,516 pesos por persona, según el Inegi), la presión sobre el presupuesto familiar es insostenible.

“Esto significa que otros gastos indispensables del hogar quedan fuera del presupuesto, como salud, educación, transporte, vivienda, ropa o esparcimiento. Esta situación refleja la difícil realidad económica que enfrentan muchas familias mexicanas”, concluyó Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Anpec.